Canto XLIV
Quebrándose en la herida cerrada en el fondo del cielo,
Saint-Pierre,
sobrevive Ludger Sylbaris
del que apenas hay postales ni consta que pudiera haber nacido
antes de la escupida incandescente de todas las montañas:
el único preso de la ciudad de Saint-Pierre
se mira las manos impacientes de espuma,
voltea las nubes y las vuelve añicos
para luego entregarse a la piel de las tormentas.
(…continúa aquí)
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