La Marcha de 150.000.000

Canto XXX

Es así como se mueve, desde que murieron, tenso aún y amargo para un tiempo de incertidumbre fabricada; contra todo descanso, así como merodea, a un tiempo en los límites del mundo y en el estallido de su ritmo previsible. En los márgenes de la historia, para el vértigo del pensamiento que abisman los que luchan, plantada a mitad de los conflictos del lenguaje y la resurrección de lo que todavía resiste, E se despeina para las matanzas, volcada en la suerte de los hombres y los pueblos, como para decir de pronto –y así expresarlo–: yo. Nosotros. En la intemperie del deseo. Es así como se mueve, como rearmo el arco en la garganta; así como comienzo. En

 
tonces
habló por su boca la mitad de su memoria
y un ojo de niño se volcó de parte a parte. No
más: de E habréis de oír más tarde (no todavía), de sus venas
para siempre ya azules —de la cruz a mil metros de distancia,
... el terror de la lengua al mediodía.
De momento, habrás de levantarte
y salir al mundo con los pies tendidos,
tantearte en los muslos, abrazar alguna cosa
hasta que pueda parecerte piel, olor a cuerpo –pan
que se reparte y te da miedo.
Canta en Santuario, atraviesa sus paredes:
despierta los fusiles en el cuajo de tu lágrima.
Entra en quienes te acogieron y remátales el clavo,
el dolor inútil a quienes escogiste
y eleva tu silencio:
                              No más, recuerda.
Prepararás la mesa con incendios blancos y detonaciones,
a la noche su cordero y su voz de hilo,
trepanarás el vaso por su holgura rota
y 150.000.000 de nervios tensísimos cubrirán tu ojo.
Para entonces nosotros ya seremos la garganta violada
y no se arrancará del poema
                                                   una sílaba más
de la que dijiste:
una voz en Santuario, el cerco a tus hermanos, ...todo el mar
tu cansancio de siglos con sabor a tabaco.
Los que aquí murieron
te abrieran las manos con su pan encendido.
Para entonces nosotros
solamente nosotros
ya seríamos tu mano estrellada,
la indócil paciencia del pueblo y la caída de Dios.
Nada más, recuerda: "—ponedle a mi flor flores de lehua".  [1]
Si hablamos ahora es por lo que ahora tendrá que venir.
Por lo que habrás de llorar.
Por lo que hay que mentir.
     (Si ahora, por el tiempo de los hijos
                —y con ellos, la cal de la laringe—
     la ciudad trepanada: su ocaso en los rincones.)
Para entonces nosotros
abriremos tu cuerpo con la sal que nos dejaste,
     miraremos dentro y te creerás desnudo:
con tu lengua sin llagas nombraremos la caída
con una lengua de hombres vaciarán tu tierra extraña
hasta poseerla y volverla infértil.
Beberán tu vino y sembrarán tus campos,
por lo que habrás de llorar, colmarán el árbol muchos días
     con poemas muertos y con fusilamientos.
A la caída del mundo, ya todo habrá empezado:
la mirada de Dios, la matanza de los hombres, un tiro azul
     sobre el cuerpo en aspa de las novias:
tu canción será canción para jamás nombrarte
para jamás decirte
(en una lengua inútil) lo estéril de tu canto.
 


[1] Ponedle a mi flor flores de “lehua”. Verso literal extraído de un poema de amor indígena de las Islas de Hawai (“Hierbas olorosas en alto Kane-hoa”).























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