Canto XIV
“Cuando salís, los otros pobladores de la casa nada dicen ni os dicen.
Luego, cubriéndose de auroras cojas, abren la espalda del niño y miran
asomándose con espuma ante todos los vértigos.
Aromas de cremaciones en la terraza, incendios para todas las bocas del mundo,
desde esta espera podría verse la enjambrada lenta en las colinas
(objetivamente, el hombre)
desde el pie de la trinchera, del salón adosado a la masacre,
salís con los otros pobladores de la cara
encendiendo el aire con los dedos
dejando la plaza, sola,
en la ruta dormida de cada sacrificio;
(…continúa aquí)
.
