La Marcha de 150.000.000

June 9, 2007

Desafío y dignificación (por Eduardo Milán)

 
1.
 
          El problema teórico que plantea la posibilidad épica en nuestros días –en nuestro tiempo, donde la necesidad de realizarlo todo ahora y aquí parece borrar cualquier postergación, cualquier emplazamiento a la esperanza– es un problema poético situado más allá de esta precisa forma de arte. Es y no es un problema poético. Desde la existencia fragmentada la épica constituye el desafío de una recomposición: la de la especie reunida en comunidad. No de la forma: del elemento humano.
 
          Enrique Falcón pone en juego algo más que la cuestión formal: pone en juego la posibilidad de sobrevivencia humana. El envío épico actúa no en esta forma-tiempo dominante: actúa en un margen. En La marcha de 150.000.000 la página-escritura se parte en dos por una línea que, si bien no vuelve simétrica la separación, sí otorga un buen lugar al margen. La escritura prueba en la página su dialógica posible, su comunicación posible, su razón de estar ahí como entidad registrante. La nota y la noticia espejean al poema con una luz especial, a veces feliz: la cita de un fragmento poético; a veces terrible: la presencia de la realidad histórica. No era posible fabular una épica, no era posible la fantasía de un imaginario modélico. Por si fuera poca imposibilidad ética, presuponer una necesaria estabilidad social, una nueva comunidad activa para reemprender el camino formal épico, es una posición inquietante. Pero pasiva. Falcón propone (la épica es un acto que presupone una espera) una épica en acto. La posibilidad épica actual es irse haciendo en la marcha. 
 
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El pasadizo que hay de un cuerpo a otro. Para acompañar un libro de Enrique Falcón (por Jorge Riechmann)

1
 
          En los años ochenta y noventa, algunos sabíamos que un libro como éste podía escribirse entre nosotros: pero alguien tenía que demostrarlo. Un libro entre la alucinación y el llanto, entre el salmo y la insurrección; un libro a horcajadas entre la compasión y la ira, un altar de resistencia y esperanza; un libro que se atreve a intentar acoger toda la miseria del mundo, un grito profético sin una gota de demagogia; un libro quizá excesivo, si la España de BMW y Tele5 resulta ser a la postre el país que prevalezca (pero hay que creer que no, esperar que no). Enrique Falcón ha escrito este libro.
 
          Esto no es poesía, dicen los registradores mercantiles del espíritu. ¿Es esto poesía? A la poesía no se le da un ardite. (Pero ella se acuesta aquí, desayuna aquí, lava su ropa aquí, amamanta aquí, agoniza aquí.)

          Apertura radical: éste es un libro vuelto del revés, que muestra a un tiempo el adentro y el afuera, es un libro trágicamente volcado. Nos habla de lo que no queremos ver, lo que preferíríamos no escuchar, lo que somos. 

          Si tuviera que detener una imagen de este libro –rápido y torrencial, fértil en ellas–, quizá ésta: las manos con agujeros por donde asoma el hombre. No nos dejemos arrebatar estas manos horadadas.

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La producción de desconsuelo

Escribe Antonio Méndez Rubio, en "Enrique Falcón: la producción de desconsuelo" (revista de pensamiento y cultura "Riff Raff"; nº 34, Zaragoza, primavera de 2007):

"(…) El grito es la raíz de ese agujero que es la boca, como sabía E. Munch, como sabía J. Morrison, como sabía Isaías. Y es un último acto de amor. Es por lo tanto un espacio de aire, una huella de respiración en la que toda subjetividad se constituye como crisis y conflicto. No es raro que Enrique Falcón recurra una y otra vez a los momentos de fundación: el yo y el nosotros, la infancia, los espacios abiertos, la pulsación del cuerpo, la inminencia de una nueva interpelación, de un nuevo encuentro. El poema se despliega así como si fuera un estallido, no siempre necesariamente sonoro ni posible. Todo empieza de pronto a miramos a los ojos, a volvemos el deseo y el desasosiego hacia lo que se es. Y esto en un doble sentido: de una parte, lo que se es, la germinación de una resistencia constitutiva (o constituyente, por decirlo con Antonio Negri), de otra parte, lo que se es, el subrayado de una despersonalización, de una desposesión, de un hacer anónimo que nos necesita. De la primera lectura se seguiría la reivindicación de una comunidad en vela. De la segunda el desierto que cruzamos y nos cruza (…)"

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Escribe Daniel Bellón

en Islas en la Red:

(…) La Marcha de 150.000.000 es un poemario extenso y de recorrido abierto, así lo define su autor, y es una obra exigente con la persona que la levanta. No conozco a Enrique, pero pienso que hace falta una enorme personalidad para aceptar que la poesía le eche a uno sobre las espaldas una carga como esa. Se identifica a Falcón con una tendencia de "poesía de la conciencia crítica". En los textos que le he leído, no se corta en reivindicar a otros poetas españoles que operan desde una poesía que no soslaya los desgarros del mundo, y me parece bien. Si bien a mí la etiqueta no me hace muy feliz, por lo rimbombante, Falcón explica bastante bien su sentido en la entrevista que recoge la revista poética en línea Almacén. Su lectura también es recomendable, pero no tanto como La marcha de los 150.000.000. De alguna manera, la nueva colectividad mundial implicada en la lucha eco-social transnacional, va encontrando sus símbolos: Seattle, Porto Alegre, Génova, su música: Manu Chao, y sus poetas. Es inevitable, todo colectivo en marcha escribe sus propias canciones, y Enrique Falcón es una voz que quiere, expresamente, ser coral (…)

–Daniel Bellón

Escribe Luis Bagué

en Poesía en pie de paz.
Modos del compromiso hacia el tercer milenio

(Editorial Pretextos, 2007):

(…) De cariz abiertamente social es la poesía de Enrique Falcón. El autor opta por un discurso de aliento narrativo que pone de relieve las contradicciones de la sociedad capitalista y las convenciones del lenguaje establecido. A través de la configuración de un sujeto revolucionario, Falcón denuncia la irracionalidad de un modelo de desarrollo contra el hombre. A lo largo de su relato el autor va desgranando la miseria del Tercer Mundo, los desequilibrios del consumo, la degradación medioambiental o las injusticias polarizadas en el eje Norte/Sur. Sin embargo, Falcón propone una narración abierta y experimental, refractaria a cualquier lectura unívoca. De ello dan prueba los recursos reiterados en sus textos, como los encabalgamientos abruptos, la omisión de los signos de puntuación y la introducción, en forma de collage, de testimonios orales y fragmentos del ámbito periodístico. (…) La poética que sustenta La marcha de 150.000.000 interviene en los debates fomentados por la literatura social. Falcón parte de una escritura política que recoge cantos y voces colectivos como correlato de una constitución comunitaria del sujeto, basada en la recuperación del nosotros. No obstante, suprime la escisión maniquea entre pureza y compromiso. Desde su enfoque, es inútil prolongar el discurso socialrealista, lo que conduciría a incurrir en los mismos errores que antaño. A diferencia de este paradigma, Falcón subraya dos peculiaridades de la poesía política del presente. Por un lado, la poesía comprometida actual no se dirige a las clases desfavorecidas ni persigue un cambio significativo en las estructuras sociopolíticas de su tiempo, sino que es consciente de sus potenciales lectores y de su inutilidad más allá del mero testimonio. Por otro, como resultado de lo anterior, esta lírica no tiene por qué ser esencialmente realista, sino que puede incorporar en su acervo retórico elementos procedentes de todas las tradiciones culturales, incluidas las vanguardias (…)

–Luis Bagué

Escribe Manuel Rico

en Pasar la página: poetas para el nuevo milenio
(Ediciones Olcades, 2000):

(…) Narrar el conflicto civil, construir poesía con todos los materiales que la realidad y el lenguaje ofrecen, no eludir la Historia y ponerse en la piel de los desheredados. Tales son las columnas sobre las que se asienta la poesía de Enrique Falcón. En sus poemas (una realidad discursiva en movimiento, en permanente construcción/deconstrucción y de una enorme riqueza metafórica) hay una pulsión hacia la totalidad y una permanente búsqueda de las zonas oscuras de lo visible. Pero para Falcón lo visible no es más que la falsa envoltura, diseñada en función de intereses (sobre todo económicos) minoritarios, del mundo. Lo oscuro está en la miseria que penetra en las ciudades, en un Tercer Mundo en el que la vida carece de valor, en la irracionalidad de una sociedad que contando con medios suficientes para construir el principio de la felicidad, se apresta, cada día, a construir la muerte. Falcón, consciente de que esos materiales tienen tanta legitimidad (o más) que un paisaje o un monumento para entrar en el espacio de la poesía, carga sus poemas de una electricidad perturbadora, ahonda en la verdad de las cosas y de los hombres. Su poesía es "una tarea desorganizadora a partir del tiempo interno de la historia de los radicalmente dominados pero no vencidos" (…)

 

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El árbol solo (por Miguel Casado)

"Hablar del mundo es proponer un mundo": con estas palabras se abre Poesía y poder, el volumen en que el colectivo crítico Alicia bajo Cero reúne sus análisis ideológicos de la poesía española contemporánea. Partícipe del grupo, Enrique Falcón ha orientado siempre en ese sentido su escritura: hablar de lo que ocurre, salir de los ghettos poéticos; "¿por qué el hambre no es una recurrencia al menos temática en nuestras literaturas, cuando es la única recurrencia existencial de tantos millones de hombres?", se preguntaba en un ensayo, y así refiere el título de su libro a la migración masiva hacia "los países ricos del Norte". La cifra de los 150.000.000 actúa como motivo reiterado para la denuncia: no sólo es esta "mítica Gran Marcha", sino también, por ejemplo, el número de niños que muere cada diez años a causa de la miseria, o la cantidad media, en dólares, que los países del Sur devuelven anualmente por su deuda externa. La Marcha de 150.000.000 se ofrece una y otra vez, en variadas metamorfosis, como la única trama argumental del libro, la que aúna su indignación por el injusto reparto del mundo, su testimonio de un extenso sufrimiento, su esperanza. [Para leerlo entero, pinchar aquí]

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Escribe M.R.

en El País del 2 de enero de 1999:

"Poesía con y hacia los desheredados: La marcha de 150.000.000" (…) Siguiendo las huellas de los poetas que han hecho del poema un instrumento para el conocimiento crítico de la realidad (Cardenal, Neruda), Enrique Falcón (Valencia, 1968), miembro hasta 1994 del grupo Alicia bajo Cero, nos ofrece un libro atípico, fruto de una escritura en permanente conflicto y expansión. Su primera parte, El saqueo, fue publicada en 1994 bajo el mismo título genérico del volumen que ahora aparece. Falcón la ha reescrito y ha añadido una segunda parte: Los otros pobladores. Partiendo del marxismo y de la teología de la liberación, el poeta construye largos poemas o cantos de una elevada tensión verbal que se prolongan en notas al margen y cuyo protagonista no es otro que el inmenso colectivo de los excluidos del progreso (…)

M.R.

Cuerpos mueven cuerpos (por Antonio Orihuela)

Acompañar, resistir desde la compañía, encontrar a los otros, renombrar el mundo desde sus heridas… no es poco lo que este proyecto de escritura se ha propuesto en el contexto hostil de nuestra sociedad pacificada, sonámbula y hedonista, construida sobre una ciudadanía replegada y ajena a los asuntos públicos, que ha olvidado que lo privado es público y que lo personal e íntimo se cimienta sobre lo colectivo y lo común, lugares además cada vez más expoliados por las ideas de la propiedad y la vida privada.

No es poco, decía, lo que este proyecto de escritura se ha propuesto: mancharse con los crímenes del Imperio y los cuerpos de los desrostrados. Yo también, querido Enrique, creo que vale la pena. Que ese acercarse no puede quedarse en un vago sentimiento de solidaridad o compasión hecho de ideas, palabras e invitaciones de papel, sino que tiene que bajar a la calle y nos tiene que poner, en tanto cuerpos, a trabajar en organizarnos para ser un día dignos de entrar en las casas de los pobres.
 
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Escribe Araceli Iravedra

En "¿Hacia una poesía útil? Versiones del compromiso para el nuevo milenio", artículo publicado como introducción al monográfico “Los compromisos de la poesía” de la revista “Ínsula” núm. 671-672 (Madrid, nov-dic 2002):

(…) Enrique Falcón concibe igualmente la poesía como una tarea desorganizadora, y optar por un discurso disidente al margen del lenguaje establecido es su modo de plantearse una poesía política que, frente al conservadurismo ideológico y estético del discurso experiencial, empuñe una palabra no complaciente con lo instituido [1]. Asistimos en este caso a la enunciación abierta de las lacras de la sociedad capitalista, a la narración de un conflicto civil puesta en manos de un sujeto revolucionario, pero tal narración no será lineal y cerrada: en busca de una práctica literaria “conflictiva”, refractaria a toda lectura unívoca, Falcón se decanta por una escritura experimental que funda una comunicación irracional jalonada de imágenes y asociaciones insólitas, determinada por la incoherencia sintáctica, el encabalgamiento violento y la omisión de los signos de puntuación normativos, sin que falte la irrupción frecuente, como piezas inesperadas del collage, de fragmentos de discurso enunciativo asimilables al testimonio-denuncia periodístico. Valga como ejemplo el largo poema La marcha de 150.000.000, que narra la penosa y masiva migración de la población del Tercer Mundo hacia los países ricos del Norte, y donde las tensiones en el ritmo del discurso, el expresionismo de las imágenes y la realidad insobornable de los datos muestran la dramática violencia de la realidad relatada, y prestan la base a esa que Enrique Falcón ha denominado una “poesía del estremecimiento” [2].


[1] Véase su poética para Feroces, op. cit., p. 109, y su trabajo “Una estética del delito (algunas estrategias textuales del conflicto)” , Lunas Rojas, 1a (abril-mayo 2001), pp. 9-12.
[2] Enrique Falcón, “Notaciones para una Poesía del Estremecimiento”, Edad de Merecer (Valencia) [1989].

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Ciento Cincuenta Millones (por Eduardo Moga)

Aunque desde 1992 Enrique Falcón ha publicado diversos poemarios, en realidad la única obra que, desde esa misma fecha, está escribiendo, y que constituye el eje de su producción lírica, es el magno La marcha de 150.000.000, un libro río, potencialmente infinito, cuyas sucesivas entregas conforman uno de los proyectos creativos más singulares y perturbadores de la reciente poesía española. El título del libro se inspira en uno de los poemarios más célebres del poeta revolucionario Vladimir Maiakovski: 150.000.000, una cifra que se corresponde con la población rusa en 1919, año en el que fue escrito. Falcón actualiza esa cifra, que aparece varias veces a lo largo del poemario: es, por ejemplo, el número de niños que mueren en el Tercer Mundo en una década por enfermedades curables. La explícita filiación maiakovskiana de La marcha… evidencia algunas de las claves de su poesía: su compromiso ideológico, su naturaleza épico-fluvial y su sentido antiinstitucional y colectivo. [para leerlo entero, pincha aquí]
 

Escribe David Franco Monthiel

en el "Cádiz Rebelde" y en "Rebelión":

Que mi libro de aortas os dispare” : (…) El sur saqueado busca una vida en las ciudades del norte. Las fronteras son apenas líneas marcadas en el mapa físico de una necesidad humana absurda, esa de difereciarse del otro, de los que no son como él y disponer de banca y ejercito. Las alambradas, los puestos fronterizos, las quemaduras de la gasolina, y el temblor que de espesa en el cuerpo como una avalancha de frío que congela unos huesos golpeados por la travesía más larga hacia un campamento en mitad de las montañas. Hay claveles negros en el estrecho. La Policía española ha repatriado en lo que va de año a más de 53.000 inmigrantes frustrados. Y en sólo cuatro días ha detenido a 800. Y en un solo día y en una sola isla canaria ha recuperado los cadáveres de diez. La demanda de mano de obra semi-legal o directamente ilegal, pagable a precios de miseria, infraempleos que violan todos los convenios internacionales sobre condiciones laborales, infraviviendas donde hacinar clandestinamente a los inmigrantes… Además de la gasolina que echa en el incendio los grandes medios con la relación inmigración-delincuencia.

La marcha de los 150.000.000 es una sucesión de cantos, de cantos cósmicos que acoge a los excluidos en sus versos. Una brisa incómoda, plagada de registros diferentes que delatan una enunciación plural. Es la constatación de las posibilidades abiertas de una escritura política decididamente conflictiva y no-tranquilizadora : la creencia en el texto como organismo disidente e intolerable, un largo poema secular todavía ininterrumpido que bebe de Isaías a Ernesto Cardenal, de Huidobro a Neruda, de los informes anuales sobre derechos humanos, de Jim Morrison a Silvio Rodríguez…: «yo quiero oír / el alarido de la mariposa» (…)

Escribe Manuel de la Fuente:

en ABC del 7 de febrero de 1999:

"Palabras en llamas: La marcha de 150.000.000": (…) De vez en cuando, la poesía no es un nido de repipis y metafísicos mirándose el ombligo de la creación, sino el último refugio para la palabra del hombre dolido y perseguido, desheredado y expoliado. Este insólito libro (comparado con lo que se acostumbra a entender por poesía en los anoréxicos círculos de la lírica nacional) es un ejercicio de compromiso y un aluvión de palabras encendidas e incendiadas para mantener viva la llama que arroje algo de luz sobre el corazón de las tinieblas de este fin de siglo (…)

Escribe Joaquim M. Magalháes

en Poesia Espanhola, Anos 90
(Relógio d’Água Editores, Lisboa, 2000):

"(…) 150 000 000 faz parte de um poema de Maiakovski em que se implica o avanço (hoje em dia bem claro) dos habitantes das zonas mais pobres para as regióes mais ricas, com todos os problemas reconhecidamente envolvidos. Juntamente com a exploraçáo dos países do Sul pelos países do Norte, o envenenamento e desertificaçáo ambientáis nas regióes mais desfavorecidas, o olhar sobre os depauperados e os desprotegidos, compreenderemos as raízes (que buscam um tom épico) desta poesia. Estamos perante um modo inovador de fazer poesia obviamente política, com una tensáo construtiva que náo a esquece como fazer poético do histórico, do sociológico, do poético. Nos seus versos encontramos, entre outros, envios explícitos a Bakunine, Marx ou Mao Tsé-tung, a pensadores como Martin Buber, aos teólogos da libertaçáo, bem como aos Antigo e Novo Testamentos. Entre esses momentos mais declaradamente políticos, outros surgem decididamente voltados para urna generalizaçáo dos desgastes do mundo sobre a intimidade autoral (…)"

Escribe Antonio Crespo Massieu

en la revista de izquierda Viento Sur
(núm. 89, Madrid, noviembre de 2006):

Un poema azul y enorme: " (…) Canto inconcluso, marcha inacabable de los derrotados pero nunca vencidos, voces múltiples rotas, contradictorias; rebelión y grito, enumeración de catástrofes, ternura y esperanza. Este inmenso poema entrelaza poesía e historia, lecturas, documentos (las notas que lo acompañan no "interpretan", son apropiación de otros discursos o referencia a hechos reales). Se dinamita así géneros y convenciones: la poesía se alimenta de la acción política y remite a textos teóricos; también tiempos y espacios: la geografía planetaria de la injusticia se hace presente en el poema y son nombradas víctimas de todas las épocas. Sólo un lenguaje en continua experimentación, que se cuestiona, se abre a múltiples significados, puede dar cuenta de esta poesía que quiere atravesar (con y desde las víctimas; desde su ausencia pero sin usurpar su voz) la historia, salvarla en el poema. Así entiende la poesía Enrique Falcón: riesgo y compromiso con la palabra, ejercicio de libertad, multiplicación de voces y momentos, estremecimiento y temblor. Como si el poeta caminara con esos 150.000.000 que siguen marchando, recogiera sus palabras y alimentara su esperanza (…)"

Memoria subversiva de los humillados

Escribe Salustiano Martín en Reseña
(Madrid, marzo de 1999)…:

"La marcha de 150.000.000: Memoria subversiva de los humillados": Enrique Falcon (Valencia, 1968) reside, y no es casualidad, en el Barrio del Cristo. Tampoco lo es que sea miembro del Voluntariado de Marginación «Claver» y de la Comunidad de Vida Cristiana «Ignacio Ellacuría». Tampoco, que haya formado parte del colectivo crítico «Alicia Bajo Cero», empeñado en desvelar las trampas ideológicas de cierta poesía actual, empantanada en un lodazal reaccionario y escapista. Enrique Falcón trata de no ser una persona escindida: lucha siempre por conseguir los mismos fines solidarios: en su trabajo en el barrio, en las organizaciones sociales en que está integrado, en la poesía que escribe. Uno siente verdadera emoción al ver que aún quedan quienes se toman la vida y la escritura como un trabajo de hermandad con los seres humanos: más allá de su ombligo: luchar: contra la barbarie: por una existencia menos absurda. La marcha de 150.000.000 es un ejemplo de ese trabajo. Frente a los cortitos intereses poéticos y humanos de nuestros poetas canónicos, Falcón elige hablar del mundo entero y de los cientos de millones de mujeres y hombres que, a diario ven arrasadas sus esperanzas de librarse de los fantasmas del hambre, de la explotación, de la enfermedad provocada, de la opresión, de la tortura. Hay que tomarse en serio lo que los poetas dicen: tiene que ver con el tipo de existencia humana que nos proponen. [Para leerlo entero, pinchar aquí]

Escribe Ángel L. Prieto de Paula

en "Poesía española contemporánea"
de la Biblioteca Cervantes:

(…) Tras darse a conocer con El día que me llamé Pushkin (1992), Enrique Falcón inició en 1994 una oceánica aventura creativa que, bajo el título de La marcha de 150.000.000, concreta su disidencia en una «poesía de la conciencia crítica» (en formulación de Manuel Rico) que no se resigna a padecer un mundo objetivamente insoportable. En su escritura, alentada por una plétora épica de irisaciones genesíacas y propuestas solidarias, soplan los vientos del Cántico cósmico de Ernesto Cardenal y, más atrás, del Canto general de Neruda, sin renunciar a la exposición de una intimidad que contradice la ecuación que mantuvo la poesía social de postguerra entre protesta y realismo documental. En la poesía de Falcón resuenan, por el empaque de su inspiración, ecos de los profetas antiguotestamentarios, y de sus versos y versículos no está ausente el propósito totalizador de las grandes epopeyas intelectuales como la del latino Lucrecio. La indesmayada sucesión de letanías, dispuestas en el avance imparable de una peculiar marcha contra el Imperio de lo establecido, es zarandeada a menudo por quiebras de la continuidad discursiva, de la que son testimonio las notas al margen, a cuya condición explicativa se añade la función de sacudir al lector de la rutina en que pudiera sumirlo un ritmo que se amplifica en irradiaciones musicales, cadenas anafóricas y recitativos envolventes. El talante colectivista y comunitario, al que sirven de contrapunto las incursiones en un lirismo interior que proporciona al lector «una ocasión para temblar» (Méndez Rubio), encauza la escritura hacia territorios de la enunciación, de la escrutación de la realidad y de la denuncia, convocando a las masas de los desheredados para que sirvan como ejemplificación de la conciencia frente a las praderas amuralladas del norte. La primera irrupción de este cántico contenía en su interior sólo el nudo (El saqueo) de un empeño que ha ido paulatinamente abriéndose hacia el espacio de los desheredados, y del que surgen brotes sucesivos publicados o en vías de publicación: Los otros pobladores, Para los que aún viven, La caída de Dios, Canción de E. Por su propio vitalismo dinámico, La marcha de 150.000.000 es un edificio en construcción, cuya permanencia se funda, paradójicamente, en la provisionalidad de su reescritura constante (…)

 

 

 

 

 

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La marcha de 150 millones (Antonio Orihuela)

Leo, en estos días, tu marcha esperanzada
recojo tus guiños como pellizcos a nuestro común
espíritu sembrado en el deseo de futuro
para todos
en pantalones.

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Una gramática del espanto

Escribe Antonio Crespo Massieu
(presentación de Para un tiempo herido;
sala Youkali, Vallecas, Madrid, 14 junio 2008):
 
(…) Hacer (o dejar hacer) que compadezcan en el poema los fragmentos rotos de lo real, las vidas deshechas, silenciadas, es –siempre en el límite (allí donde nace la poesía)– una decisión moral y política. Rescatar todos los fracasos, lo perdido, lo inconcluso, para erguir la esperanza y preservarla del enemigo. El casi último poema de su antología Para un tiempo herido, significativamente titulado "Rendición de la lengua", lo abre Falcón con una cita de las Tesis de filosofía de la historia de Walter Benjamín; una cita que, ampliada aunque también incompleta, dice así: "El don de encender en lo pasado la chispa de la esperanza sólo es inherente al historiador que está penetrado de lo siguiente: tampoco los muertos estarán seguros ante el enemigo cuando este venza. Y este enemigo no ha cesado de vencer". Porque el miedo a la suplantación no justifica nuestro silencio. En el límite, desde el respeto a una inviolable dignidad herida, hay que buscar, como hace la poesía de Enrique Falcón, la palabra capaz de restituir de la herida una gramática del espanto, que nos permita decir la muerte sin ahogamos y que acoja, en su humildad, en la conciencia de su fracaso, de su imposibilidad, el hueco donde se aloje el silencio que quiere nombrar (…)
 
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Escribe Eugenio Castro

en "Enrique Falcón, heraldo del polvo" (Círculo de Bellas Artes de Madrid, "La voz y su sombra", abril de 2006):

(…) Concilia Enrique Falcón la rabia del dolorido y la inspiración del iluminado, pronunciando un grito contra el dolor del mundo con una escritura de la revelación. Ese estado y esa cualidad vehiculan una actitud mediante la cual no se acepta la condición depauperada del hombre y de su lengua. Interviene, pues, el poeta, tanto en el dominio social como en el mental, activando unos mecanismos tendentes, desde el instante en que toma su decisión de actuar, a transformar el estado de cosas, o por lo menos a impedir que éste no se regodee en su inmovilidad. Actividad política y actividad poética encuentran en su acción una manifestación de coherencia querida y, ojalá, contagiosa. Y ambas hostigan la acomodación, el cinismo y la voluntad de poder en ambos ámbitos. Pero lo hace, y recuerdo aquí a Benjamín Pèret, cuando escribió su magnífico texto El deshonor de los poetas, sin contribuir a la confusión de quienes confunden la poesía con un panfleto, con una intencionada o disimulada propaganda, de quienes ponen la palabra al servicio de los dueños y, de ese modo, facilitan la perpetuación de los amos. Porque la poesía carece de pureza que la salvaguarde de ningún contagio, estando expuesta a las perversiones y reificaciones que por igual se practican en la vida política como en la vida intelectual. Creo que Enrique Falcón sabe de esto mucho, lanzando un desafío que no consiste precisamente en el retiro (que podría ser acaso una opción muy válida), sino fraguándose en ello. (…)

Escribe Miguel Ángel Gara

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… en "Pata de gallo", núm 13 (Madrid, julio de 2008) 
 
"(…) Así pues ¿hacia dónde habría de cumplirse el destino de esta Marcha? La respuesta de Falcón es hacia dentro, hacia las mismas personas, hacia la trascendencia que el ser humano necesita para articularse en la Realidad, la realidad que precisamente se corre el riesgo de perder. Por esa razón siempre me ha parecido que las críticas que se hace a poetas como Enrique Falcón desde sectores de la poesía social de la que hablábamos antes, no sólo son profundamente injustas sino que también, y sobre todo, equivocadas, dado que niegan o ningunean precisamente la esencia misma de la poesía crítica, la que más se necesita (como tantas veces se ha tratado de explicar) porque subvierte o al menos desplaza los significados unívocos del lenguaje y sus mecanismos simbólicos de poder. Poesía que ayuda a abrir la mente a la par que los poros. Si se olvida que la herramienta del poeta es el lenguaje, de la escritura supuestamente social puede que surjan verdades necesarias, sí, pero verdades que podrían ser recordadas y reivindicadas por otros medios más efectivos y más cercanos al efecto de concienciación inmediata que pretenden. Este, definitivamente no es el caso de la obra de Enrique Falcón donde sobre un fondo de autenticidad y crítica social se eleva la refrescante aparición de la epifanía poética, de la palabra transformadora que atesora tanto la tradición como la audacia lingüística (…)"
 

Escribe Virgilio Tortosa…

…en Escrituras ensimismadas
(Publicaciones de la Universidad de Alicante, 2001):

(…) Frente a esta supuesta claridad de discurso queremos ahora llevar a cabo su confrontación con esta otra escritura aparentemente más oscurecida por el relativo surrealismo aplicado en los siguientes versos de E. Falcón: "12 Soy altura de niño enloqueciendo todas estas tumbas. / 13 Otra vez naciendo muerto en las matanzas de la boca. / 14 No sé si respirar. / 15 Habitaron como bucles en el plomo. / 16 Hablaron como tengo que plantar un árbol nuevo. / 17 Hablaron como si has de respirar? / 18 Soy la altura de un pueblo perseguido. / 19 Naciendo a cada instante de una bala muerta." (1994), de donde elementos como la enumeración que encabeza cada verso, las ausencias parciales de signos de puntuación ortográfica, e incluso en su nivel semántico el hecho de que el sujeto poético sea altura de niño que enloquece tumbas es una imposibilidad semántica al transferrir al campo objetual características humanas, e incluso hechos como la duda en el verso 14 sobre si respirar o no hacerlo no parece nada pertinente al menos en la especie humana a la que se refiere.

Ocurre que en este caso la escritura de E. Falcón crea estrategias a través de las rupturas que provoca su poesía tanto en el nivel de la sintaxis como en el de la semántica, efectos que de por sí generan la significación poemática, siempre al servicio de su proyecto revolucionario, transformador de la realidad bastardeada de un tercer mundo agredido ante un primer mundo impasible y necio. Tanto los anteriores como este último ejemplo establecen sus estrategias de comunicación en el lector, éstas en Villena y García Montero pasan por un registro realista —premeditadamente clarificador— de proble- mas endogámicos que envuelven a la realidad de los autores de tales poemas, pero en Falcón habla de la realidad incluso de forma más real de lo que lo pretenden los anteriores aunque bajo la estrategia de un lenguaje rabioso, a la altura de su proyecto literario y de su mundo cultural: el uno no es mejor que el otro por utilizar la «claridad» como bandera frente a un supuesto oscurantismo poemático que refutarían los otros, sino que es la percepción de los poemas y su capacidad de transmisión al lector los que le otorgan claridad y coherencia: en deter- minado contexto y lector (por ejemplo en los desheredados del tercer mundo o, por ir más cerca, en los miembros de ONGs españolas que trabajen en ayuda al tercer mundo) el texto de Falcón puede ser incluso mucho más clarificador que los de Villena y García Montero, pero ello poco importa porque sería desplazar el centro de la problemática cuando lo realmente importante es el uso de los diferentes lenguajes y su percepción en el público receptor. De lo que podemos concluir la invalidez de un criterio que se vacía de contenido en el análisis literario como es la claridad, ante la poca transparencia de su contenido; de ese modo, consideramos mucho mayor el acercamiento a la realidad practicado por la escritura de Falcón que en los casos vistos de Villena y García Montero (…)

A “La marcha de los 150.000.000″ (Daniel Bellón)

I.

Los amargos recorridos
Del hambre y de la fortuna (…)

[Para leerlo, aquí]

Escribe José Luis Ángeles…

…en "The Soft Parade (en torno a La marcha de 150.000.000 de Enrique Falcón)", artículo publicado en El Monográfico núm. 6 (mayo de 1994):

Debo partirme en dos.
—Silvio Rodríguez.

(…) El texto está en marcha. Afirmar se ha vuelto imposible. En el reverso de cada sílaba destella una pregunta, una respuesta, un silencio. Cada vez, la afirmación es un engaño, normalmente muy útil. Un gato se eriza al verse en el espejo: se prepara para el ataque. Cómo hemos podido creernos nuestro propio reflejo. Urge problematizar nuevamente el lenguaje. Urge decir que estoy diciendo. El texto es incontrolable desde el criterio de ¿identidad? Este texto no es este texto, este discurso es humo (con sentido), este poema no existe: es otro, es otros. Si me comparo con otro me conformo con él y soy, ya, «otro». No hay mismidad en el discurso. Las palabras ya no pertenecen al sujeto (que tampoco tiene mismidad). Aquí sí podemos decirlo: hemos procla- mado, o proclamamos a cada acto nuestro comunismo. El individuo-sujeto ha sido herido a manos de los que vienen. Aunque merodea con frecuencia y se sabe que dirige carteras ministeriales, políticas de empresa y hasta protagoniza anuncios de alguna marca de perfume. La práctica transformadora ha alumbrado un sujeto plural, cambiante, que antes fue colectivo y, sin dejar tal vez de serlo, ahora busca no hablar de sí mismo, sino de los procesos (actos) y de sus relaciones (de él y de los actos) con los otros sujetos.

«La cada vez nueva construcción de un entre» (Antonio Méndez Rubio). Las palabras básicas no son palabras aisladas / sino pares de palabras» (Buber). Por eso debemos comprometerlo, y comprometernos, con el lenguaje y con el «entendimiento» del paradigma del entendimiento comunicativo: estos ciento cincuenta millones ya podemos ir amenazando a la razón instrumental y la tecnología sin corazón y sin cabeza. «Toda cena es la última. / Todo sermón es un paso más hacia los lobos» (Frank Abel Dopico). Cada acto nuestro, un suicidio que mata o el afilamiento de la hoja del verdugo (…)

José L.Ángeles

Escribe Arturo Borra…

… en su presentación de La (re)conquista de la realidad:
el teatro, la novela y la poesía en el siglo presente

(Valencia, febrero de 2008):

(…) El realismo crítico de Falcón es lucha contra la unidimensionalización de la poesía: se trata de desnaturalizar la “narcotización” de la vida social; mirar de frente la desesperanza, sin renunciar a la belleza como sed del poema. Pero Falcón resiste la tentación mesiánica: no quiere sustituir ninguna voz ni pretende ser portavoz de los oprimidos del mundo, sino darles un lugar, llamarlos a tomar parte, a erosionar las cunetas de la historia desde las que vociferan. Eso no equivale a un reclamo de transparencia, sino a un intento de recobrar el aliento, situando históricamente la injusticia, sin olvidar la necesidad de articular las luchas estético-políticas con otro tipo de acciones sociales. Tal es su gesto concreto que se posiciona ante el grito del mundo. Se comprende entonces que todo «estilo» tenga implicaciones morales. Porque contra todo presagio de fatalidad, habla aquí una poesía que conecta lo real con el poder. Y si para algunos movimientos sociales lo personal es político, aquí Falcón no duda en invertir la fórmula: lo político es personal

[(…) sigue aquí para seguir leyendo] 

 

Mutilación del sentido (por Antonio Méndez Rubio)

Hay muchas posibilidades de que lo primero que llame la atención, al leer La marcha de 150.000.000, de Enrique Falcón (Valencia, Germania, 1998) sea el tipo de escritura con que nos encontramos. Antes aún que lo que se nos dice, que no es poco, de forma más o menos consciente, estamos ante un decir que nos desubica, que nos cambia de sitio como una brisa incómoda. Alguna vez se ha dicho que un verso continuo y una prosa discontinua, como es el caso de la Biblia, son tácticas características de las culturas orales, mientras que una prosa continua, como la novela, y un verso que agudice su discontinuidad, encuentran su sitio preferentemente en la cultura escrita. Y me vale esta idea para empezar a situar las páginas que siguen: una ocasión para temblar: versos que buscan no leerse sino decirse, pronunciarse y quedarse, con ritmo desmedido, bailando en la memoria.
 
Este poema es un canto, literalmente, una sucesión de cantos. No se olvide. Su atención a los excluidos del progreso no es cuestión sólo de temática sino también, más en su raíz, de pragmática comunicativa. De ahí que la voluntad de articular un discurso teniendo en cuenta a quienes ni siquiera podrían leerlo se cruce con una concepción conflictiva de la voz. Registros diferentes delatan una enunciación plural, abierta justamente a la diferencia y al cambio, al desafío y a la intemperie de la alteridad: por eso quien(es) aquí habla(n), de ser un sujeto, sólo puede ser un sujeto alterado, atravesado por los otros mortalmente. Alguien (o alguienes), este enrique falcón, que delira, que confunde los mundos sin remedio, que le ha devuelto la palabra al grito. 
 
[Para leerlo completo, pinchar aquí]

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LA MARCHA DE 150.000.000
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