EL AMOR, LA IRA
Escritos políticos sobre poesía
(Enrique Falcón)
0) Íncipit
Nosotros escribimos en los futuros últimos tiempos de una literatura muerta.
1) Tres pedradas para empezar
i. Nuestro tiempo ya ha cambiado.
ii. Nuestra poesía, la de nuestras latitudes, no.
iii. No fue nuestra poesía lo que cambió el mundo.
2)
Mirar de frente a la desesperanza y no bajar los ojos.
Por eso, escribimos.
Belleza: la sed que convoca un poema. También, sobre todo, un poema político.
4)
Cada vez más, uno no puede espantar la sospecha de que buena parte de nuestra poesía reciente lo que no deja de disfrazar es sus móviles.
Nosotros reivindicamos un tiempo de excepción para la construcción de nuestros poemas.
5) Communio non est identificatio
La poesía política actual no representa a quienes se les niega la voz.
No deberíamos suplantar a los heridos.
Del mismo modo que es absurdo que el poema procure la identificación del lector con las víctimas, jamás debería hacerlo el poeta político que escribe desde Europa.
Debería inquietarnos el hecho de que pueda decirse de nosotros que elevamos la voz de quienes viven en las cunetas de la historia.
Nuestra voz es nuestra voz. Si no, no hay esperanza.
6) Abrazo y protesta
Un poema político no tiene por qué ser “transparente”.
No es necesariamente en lo transparente donde siempre acaece una comunicación.
No siempre en lo ya conocido se producen los encuentros.
Y no necesariamente en la claridad, el abrazo y la protesta.
Seámoslo todo.
8)
El peor destino que le cabe en suerte a toda poesía es ser, a lo largo del tiempo, previsible.
9) “La injusticia no es anónima:
tiene nombre y dirección” (Brecht)
Un buen poema político no “mueve el mundo”.
Ayuda a recobrar aliento.
Un buen poema político no “hace caer a la injusticia”.
Le da nombre y dirección.
Como cualquier otro ciudadano, el poeta es –en efecto– un límite del mundo. Pero habrá que ver qué legitima.
11) En poesía política…
No hagamos otra cosa que se pueda hacer en la calle.
12) En poesía política…
No hagamos otra cosa que no podamos hacer en la calle.
13)
Un buen poema político –a diferencia de buena parte de nuestra poesía más reciente– no puede faltar a la verdad.
ESCRIBIR DESPUÉS DE AUSCHWITZ
“No nos está permitido conceder a Hitler ninguna victoria póstuma”
—Emil L. Fackenheim
( para Vicent Camps, Salustiano Martín
y la red canalla del MLRS )
Escribir entonces
para no conceder más victorias póstumas a Hitler:
la claudicación de nuestra esperanza,
nuestro olvido de las víctimas,
el paso tuyo amargo tras las escaleras.
Escribir, entonces, con un puñal en las manos,
con una boca viva hablando en nuestra propia boca.
Denunciar a los culpables
y salir al mundo fieramente
con poco más que rabia entre las uñas
con que hacer reventar lo viejo en lo ya nuevo;
—y estrangular los respiros
de la desaparición.
No deberíamos distraernos demasiado por el hecho incuestionable de que no es más necesaria la poesía política que seguir insistiendo en los intentos liberadores de la acción social organizada.
15)
Hoy, nadie puede comprometerse con la literatura. Es poco más que un abrazo vacío.
16)
Quien elige tener que elegir entre conocimiento y comunicación, jamás escribirá un buen poema político.
El despliegue temático de la poesía política carece de bordes.
Pero no interesa de ella tanto su posible tematización (que podría ser hasta difusa) como el gesto concreto que convoca ante el mundo y en el medio del mundo,
así como su posicionamiento real ante las lenguas del poder.
18)
Las conexiones entre el poder y lo real (de las que nuestra poesía –a diferencia de buena parte de la literatura más reciente– no puede prescindir) son las que convierten al llamado “estilo” en una elección profundamente moral.
Como han intuido para sí mismos los nuevos movimientos sociales de signo resistente, en nuestra poesía lo político es personal.
Esta cualidad de la actual poesía política la legitima para acoger fértilmente las posibilidades afectivas que desata un poema, juntamente con aquéllas de índole estrictamente intelectual y racional que las legitiman en tanto discurso.
A las estrategias afectivas e irracionales de la propaganda mediática al servicio del capitalismo avanzado, un poeta de signo contestatario debe hoy intensificar las posibilidades afectivas e irracionales que la expresión literaria convoca.
Tal intensificación de los recursos irracionales –no necesariamente incompatibles con la textura intelectual del poema en tanto discurso– incide plenamente en el centro de la evidencia imprevisible que un poema político debe hoy comunicar.
El aguijón de la rabia. O el consuelo. Por poner, de inmediato, dos ejemplos.
Pedagógica o celebrativa, la poesía política procura en cada tiempo aprehender la conducta del hombre (en circunstancias concretas, aunque sean altamente compartidas).
Para ello, tan válido le resulta pulsar las teclas de las diversas técnicas de distanciamiento como los recursos –afectivos o identificadores– de la sugestión.
Las posibilidades de nuestra dicción se vuelven, así, ilimitadas.
21)
Comunicación no es, necesariamente, intelección.
Nuestra poesía ha nacido a causa de un hechizo y de una catástrofe.
En la palabra de la herida, nosotros hablaremos la palabra de los vínculos.
Muchas cosas han acaecido en nuestro tiempo más reciente para tener que confiar la suerte y la dirección de la poesía política actual a los aparatos ideológicos “del Partido”.
Los horizontes de emancipación, de resistencia y de transformación del mundo (en este orden), en los que respira la poesía política actual (pero sin poder por sí sola ni liderarlos ni propiciarlos), son territorios comunes de todo un conjunto mestizo de redes colectivas y personales, más o menos organizadas, donde ya no existe una voluntad directiva superior.
En un nuevo escenario como éste, donde la contestación social se mueve de una manera tan diversa, la acusación de ser “literatura vicaria a las consignas” que algunos hacen planear sobre la poesía política es, hoy, un absurdo tremendo.
Exijámosles, a estos algunos, alguna prueba de lo que ellos suponen que es su “propia auténtica libertad creativa”.
No se trata de lo políticamente correcto…
…sino de lo lingüísticamente incisivo.
Un buen poema político no se ciñe a la representación de un mapa…
…sino a la posibilidad de qué viaje podemos emprender.
24)
Un buen poema político ha de saber a quién se dirige.
Por mucho que sean luego otros los que, también, acaben por acogerlo.
Nosotros no apuntamos, todavía, a una transformación radical de las cosas
sino a una resistencia (…que es una transformación radical de la cosas).
26)
Las tensiones que desata toda poesía política son de índole estrictamente espiritual, sobre la base de las condiciones materiales de la vida.
i. Si es posible la esperanza en un mundo repleto de víctimas.
ii. Si tienen un futuro nuestros muertos (y si es factible llamarlos nuestros muertos).
iii. Si cabe entre nosotros, moradores de una vida cómplice con el sistema que los produce, la posibilidad de una vida plena y resistente que podamos, finalmente, celebrar.
Por todo ello, bien se puede decir que es la nuestra una poesía de combate.
27)
El principio de nuestra esperanza por ver cambiar nuestra literatura, arranca de un profundo descontento.
28)
Hoy, las cosas han cambiado.
29)
La creencia de que en la tradición literaria española existe una profunda riqueza que ha de saber aprovechar sabiamente nuestra actual poesía, es un tremendo estorbo.
Un verdadero poeta político, aun consciente de estar escribiendo en la tradición, ha de empezar siempre de nuevo, pero también como si habitara en los futuros últimos tiempos de una literatura muerta.
30)
A quienes fatigosamente nos recuerdan el peligro panfletario de nuestra poesía, exijámosles ejemplos.
Un buen poema político puede ser, también, un buen panfleto.
Nada hay de malo en escribir panfletos.
Un buen poema político también puede ser todo lo contrario al mejor de los panfletos.
Y puestos a hablar de poesía “panfletaria”… ¿por qué no entresacar esos panfletos que, casi mensualmente, escribe el capitalismo a través de sus poetas?
La poesía no es una estructura inocente.
32)
No existen los “hechos desnudos”.
33)
Nuestra poesía habrá de desplegar la rabia de los nuevos tiempos, la misma ira que en estos nuevos tiempos ya se encargan otros de ocultar.
34)
Por ello, la práctica de una poesía política de signo libertario es, en nuestra época, una ira imposible: a un flanco la lengua de los ricos y, al otro, la de la academia, sancionan su imposibilidad.
Nosotros escribiremos al margen de toda sanción.
35) “La poesía es inadmisible;
de hecho, ella no existe” (Denis Roche)
Dada la práctica insignificancia vital que para tanta gente enarbola nuestra actual poesía, estamos autorizados a lanzar un mensaje de tranquilidad a las clases –políticas, literarias– dominantes.
El mensaje es éste:
“Nuestra poesía, tranquilos, es inadmisible.
De hecho, no existe”.
36) Tácticas de combate
Cuando nuestros poemas se vuelvan excesivamente autónomos, intensificaremos nuestra militancia en las organizaciones sociales de base y el trabajo en los talleres barriales de escritura.
Cuando nuestros poemas se vuelvan lastimosamente previsibles, reanudaremos la práctica del buceo en los abismos de la conciencia.
Desde esta tensión acuciada a la intemperie, no esperamos ser plenamente acogidos ya en ningún hogar.
37)
Debería inquietarnos lo altamente inofensiva que resulta la poesía actual.
38)
Debido al asombroso éxito de las tácticas de invisibilización de la propaganda a la que se enfrenta, un poeta político no debería dar por supuesto el hecho improbable de que los lectores conozcan por entero el mundo en el que viven.
Por ello, en ocasiones la poesía política ha de ser anotada.
En otras, sin embargo, la consignación de determinados hechos ha de ser presentada de tal modo que coloque al lector en una posición de continuo extrañamiento.
Poema tras poema, el poeta político ha de valorar el posible grado variable de ingenuidad en la conciencia del tipo de público al que busca dirigirse.
Y a mayor ingenuidad, se intensificarán las técnicas retóricas de distanciamiento, reduciéndose al máximo posible los recursos literarios que tiendan a una identificación.
39)
A diferencia de buena parte de nuestra poesía más reciente, nosotros habremos de contar con cómo ha sido construida la conciencia de cada lector.
El lector de poesía política es, por ello, el menos pasivo de todos.
EL TERROR BLANCO (2):
ENSAYANDO UN GRITO
POR DETRÁS DE LA TORMENTA
“(…) Quiero hablarte de él, porque creo que el anarquismo es la cosa más preciosa y más grande que el hombre ha pensado nunca…”
—Alexandr Berkman
( para Antonio Orihuela, poeta libertario )
En este lugar
la marea se nos come los dedos:
apenas en cuclillas
nos avisan los muertos su tardanza azul.
Tú y yo buscamos, Antonio, mientras tanto que pare
la mentira del mundo,
el miedo en nuestras uñas,
el cansancio por pasar cuando vuelvan los disparos.
Por detrás de las tormentas bailan nuestros muertos
en un canto imposible de heridas y lianas:
fértiles deshechos
que nos han de crecer brutalmente en la boca
y entonces irrumpir al final de los poemas.
Encendemos antorchas por detrás de la montaña
hasta que, mudos, nos quemamos la lengua
con la cal aún ardiente de todas estas víctimas:
de ellas no más somos
su misma caída o su espera impenetrable.
Y así nos queremos, mientras hay la resistencia:
tensos e increíbles arañando la calle:
—ensayamos un grito por detrás de la tormenta,
—ensayamos un grito por detrás de la tormenta.
La poesía política no salva.
Procura alteraciones de la conciencia…
…y, en las más de las ocasiones, naufragios.
De manera muy contraria a funcionar como un simple espejo, nuestros poemas han aspirado a convertirse en cámara oscura de la historia y en caja negra de las grietas personales que ha abierto nuestro tiempo.
41)
Nuestra última poesía carece por completo de temperamento.
Inmune al asombro, parece que se escribiera en un tiempo formado sólo por secuelas.
Ideología y utopía: tan necesitados estamos de la una como de la otra. Visto lo visto, ¿para qué deberíamos permitir que nos las separaran?
43)
Es indispensable que el poeta político recoja mucho más material de lo que se ha venido haciendo hasta hoy.
La poesía política ha de ser, siempre, la más insatisfactoria de las prácticas literarias de su tiempo.
44) A los Teóricos del Lenguaje
En poesía, sí existen los temas.
(Pero no los eternos).
En poesía, sí existen las formas.
(Pero no las naturales).
–No tenemos derecho a convertir en academia el total de la realidad.
45)
En el torbellino de la realidad de nuestra época, a la batalla material por la supervivencia la poesía política acompaña un combate de legitimaciones acerca de qué es lo real y qué tipo de futuro aguarda tras su esquina.
46)
La llamada “cuestión postmoderna” no existe, salvo como anécdota en la historia de las estrategias de distracción del logos capitalista. Seguimos siendo, enteramente, modernos.
47)
El más insensato de los buenos poemas políticos parte de un acto de profundo sentido común.
48)
En lo que expresa, un buen poema político debería siempre encontrar su contrario.
Y éste no tendría por qué ser un poema político peor.
49)
Mística y sociología: un buen poema político no tendría por qué renunciar al abrazo de estas dos hermanas.
Fuera de la poesía estrictamente política, no existe de ningún modo poesía apolítica.
51)
Aun en sus continuos fracasos, y aun cuando nazca de una imprudencia, es indispensable que la poesía política determine sus propios cálculos.
Y, mejor que sus intenciones, sus efectos.
Por eso, aun a oscuras, y siempre a tientas, es la más comunicativa de las artes.
52)
Hay partículas de sangre en todos nuestros poemas.
EL TERROR BLANCO (3):
ESPAÑA Y POESÍA, VIEJITA Y REGAÑADA
( con la complicidad de Eladio Orta )
En mi país cocido de lejos buenamente con las tripas afuera
los poetas comen jeringuillas con leche
carne de avestruz
brotan de las cuevas con un poco de saliva
se derraman por el campo como niños sin dientes.
En mi país cuchillo en las trenzas de los buenos empresarios
no hay huelgas generales:
los poetas las evitan con un trapo en la boca
brotan de las cuevas con temblores de piel
y lamen los cercados de los hombres ricos.
En mi país castigo en periferia de los barrios más bellos
se prohíben cosas que no sean de madera:
con blancos mondadientes se arrancan los colmillos
los poetas honestos de todo el país
brotan de las cuevas con los párpados mudos
para luego calmarse con trescientos espejos
los poetas honestos de todo el país.
Mi
verdadero conflicto:
que me muerden mis versos,
que no tengo país.
Hoy, deberíamos intensificar la presencia de verdugos en la trama de nuestros poemas.
54) Estamos empantanados:
repintando las maderas podridas
de un barco a punto de naufragar
No podemos contentarnos con la idea de que, al naturalismo sentimental de la poesía de anteayer, le tenga que suceder hoy o el realismo ingenuo de quien muestra sólo lo evidente previsible, o el apunte metafísico de quien vive –como clase– entre algodones, o esa poesía académica tan ideológicamente impecable que ha perdido por completo el contacto real con los hombres y mujeres de su tiempo.
Sobre los restos agotados de un pavo real urbano, se miran inmóviles –y completamente inútiles– cangrejos, lirones y búhos.
Dos palmos más abajo, removiendo el subsuelo, las lombrices de tierra mientras tanto trabajamos.
Hoy, el objeto de un poema político es decir lo evidente imprevisible.
56)
La articulación de esa evidencia imprevisible es, sin embargo, imposible de decir si no lleva consigo una cierta intensidad en las fracturas del lenguaje.
Un lenguaje rabioso que, de tanto encontronarse con las aristas de lo real, corte.
57)
Sólo un deseo intranquilo por pasar a la posterioridad explica la total ausencia de ambición en nuestra reciente poesía.
—Buscando inútilmente el porvenir en un instante, nace ya agotada.
Quiere ser la “poesía del nuevo siglo”, pero la era de la explotación en nada se ha agotado. Lejos de las antologías al uso, los hijos ven en su propia hambre el hambre que aniquiló a sus padres.
¿Tan fácil les resulta a nuestros poetas actuales renunciar a una literatura que se enfrente a esta hambre continua?
Y si nuestra poesía por fin cambiara realmente, ¿cómo las buenas gentes se enterarían de que se ha producido ese profundo cambio?
Apenas hemos comenzado a explorar las bases de las nuevas estructuras de nuestro tiempo, y los poemas de nuestros valores juveniles nacen, desde el comienzo, completamente saciados.
Parecen compartir con su espectador tan sólo un eructo, perfectamente escrito y –a todas luces– contando con nuevos estampados.
Carecen de sed y por ello no sacian.
En el mejor de los casos despliegan el ingenio de una perspicacia, un gesto elegante, una atrevida sensación…
…careciendo del espesor humano que tiembla en nuestro tiempo.
58) Retrato de la nueva literatura
Nuestra poesía contemporánea dispone del público más receptivo que existe, puesto que lo componen sus propios poetas, cargados con cuchillos.
Asimismo dispone nuestra última poesía de la más capacitada comunidad culinaria de críticos literarios. Para qué ocultarlo: hacedores de etiquetas para las mismas corbatas.
Nuestros valores-poetas han preferido que nuestra literatura no quisiera relacionarse con la verdad de los hechos.
De haberlo preferido, sólo las víctimas podrían refrendar tal búsqueda.
60)
Deberemos restituir el presente en el centro de nuestra acción literaria.
No la salvará el solo artificio.
61) En la intemperie
Hoy es muy poca la poesía que trate del mundo.
i. Nuestro esfuerzo literario no está “comprometido con el lenguaje” (y, mucho menos, con el oficio o con la obra propia).
ii. Nuestro compromiso literario lo es de carga política y espiritual.
iii. La expresión de esa dicción cargada es absolutamente lingüística.
iv. Nuestros artefactos son palabras.
v. El trabajo en que nos sumergimos para conseguir lo que buscamos se realiza desde la base del material de la lengua y los registros del habla.
vi. Entre sus muchas posibilidades, contemplamos la distorsión de la lengua como parte constitutiva de un fuerte posicionamiento político y espiritual en el medio del mundo.
vii. Pero, aun metidos de lleno en la ductibilidad de este material lingüístico, no estamos de modo alguno “comprometidos con el lenguaje”.
El 1º hace referencia a las estrategias retóricas, y en gran parte se establece en los posicionamientos que cabe adoptar entre las ventajas y las limitaciones de los diversos Realismos.
El 2º hace referencia a los efectos deseados sobre la conciencia del lector, y en gran parte se tensiona entre las posibilidades de la sugestión y las del extrañamiento, entre identificación y distanciamiento.
El 3º hace referencia a los modos de producción y socialización del objeto-poema, y en particular se pregunta por la idoneidad de qué espacios favorecen la comunicación.
Las conexiones del poder con lo real constituyen la base de los tres debates anteriores.
EL TERROR BLANCO (y 4):
FALSEANDO ALTERNATIVAS
Ocurre que al amor le sigue
un rubor de tierra tras tu patio.
Ocurre que existe la injusticia,
su sal en el aullido
sin más temblor que la esperanza.
Ocurren las dos cosas
en el mismo tiempo que ambos preguntamos.
Y está por decidir
sobre qué posar la lengua
el poema que viene.
La poesía política no lo es por sus temas, puesto que el mundo carece de bordes y sus “asuntos” resultan ilimitados.
La poesía política no lo es por sus registros retóricos, puesto que dispone de todos los posibles.
La poesía política lo es porque aborda de pleno un algo específico: el poder.
La existencia de la poesía política se legitima por las conexiones que establece el poder con lo real.
Lo que dinamita, o confirma, dichas conexiones es lenguaje.
Sentidos de mundo.
Gestos.
Y precisamente por eso, la poesía política habla.
Existe.
65) Y Hoy
Lo que acuna el nacimiento de un poema político:
el amor, la ira.
Barrio del Cristo (Valencia),
invierno y primavera de 2006
La versión digital de EL AMOR, LA IRA
está bajo una licencia de Creative Commons