Diagonal, núm. 34 (Madrid, julio de 2006)
ENRIQUE FALCÓN, POETA ANTAGONISTA
“La poesía inocente no existe; y mucho menos la pretendidamente neutral o apolítica”
ALBERTO GARCÍA-TERESA
Unas de las voces más críticas y de mayor calidad de la poesía española en la actualidad parte de Enrique Falcón, un poeta ligado a grupos sociales de base y de apoyo a personas presas, y a su lugar de nacimiento, el barrio del Cristo, en Valencia.
Enrique Falcón es uno de los más sólidos ‘poetas de la conciencia crítica’ actual. De sus obras destacan Amonal y, sobre todo, La marcha de 150.000.000, un proyecto en continua expansión y varias partes que recibió el premio Ojo Crítico al mejor libro de poesía publicado en España durante el ‘98.
DIAGONAL: ¿Cómo puede la voz personal convertirse en voz colectiva?
ENRIQUE FALCÓN: De una manera muy sencilla: negando la brutal separación que entre ‘lo público’ y ‘lo privado’ ha establecido falsamente el discurso neoliberal. Ya no es sólo que sea cierto que- como bien expresan los nuevos movimientos sociales de base- ‘lo personal es político’, es que, además, la suerte de la gente y de los pueblos forma parte del entramado de cada una de nuestras historias y vivencias personales. En un mundo interconectado como éste, una ‘voz personal’ aislada presupone una tremenda ingenuidad, aunque me temo que también sobre ese ensimismamiento, sobre esa separación, pivotan precisamente los intereses de un sistema que desea tener a los ciudadanos (y, entre ellos, a los poetas) perfectamente entretenidos o atemorizados en sus pequeños mundos ‘privados’. Frente a ello, existe hoy un punto de intersección entre prácticas poéticas y prácticas sociales que se nutren de los vínculos, esto es, del salir afuera, de renombrar con otros las cosas, de compartir luchas concretas y de dejarse interpelar por ellas. Nuestras prácticas (literarias, ciudadanas) habitan el espacio de las luchas presentes, habitan la posibilidad de un futuro común y restauran la memoria de todos los caídos con la complicidad trenzada de los otros.
D.: En tu poesía, los hallazgos formales están planteados para aumentar la expresividad, para potenciar el contenido. ¿Es éste el camino para conseguir una preocupación formal pero huir del esteticismo?
E.F.: Estoy personalmente convencido de que el lenguaje es intermediario fundamental en las relaciones de dominio y explotación, pero también en nuestras posibilidades de emancipación, desvelamiento y resistencia. Más allá del mero juego formal, creo que en poesía el llamado ‘estilo’ es también un acto de elección moral. Un poema es un ‘artefacto de palabras’ y por ello es importante el trabajo que se haga sobre esa materia que es lenguaje, pero tampoco hemos de olvidar que un poema es también un ‘gesto sobre el mundo’. Dicho esto, me parece un buen quebradero de cabeza para un escritor el hecho de que se tenga que preguntar, poema tras poema, cómo conciliar ambas realidades, pero sin tener que caer (sabiduría y tensión del equilibrista) ni en el mero panfleto ni en un esteticismo insustancialmente vacío.
D.: Como parte del colectivo Alicia bajo cero, publicaste un interesantísimo estudio muy crítico sobre la poesía española contemporánea, Poesía y poder. ¿Qué te parece la denominada ‘poesía de la experiencia’?
E.F.: En ese trabajo que mencionas (agotado en papel pero disponible en la biblioteca digital del Manual de Lecturas Rápidas de Supervivencia, en http://www.nodo50.org/mlrs/) los presupuestos de la llamada ‘poesía de la experiencia’ quedaron al descubierto, creo que con suficiente rigor crítico. Las claves con que la denunciábamos residían, entre otras cosas, en su profundo conservadurismo ideológico y en la defensa que este tipo de poesía ha hecho de individuos ensimismados y autosuficientemente redondos. Yo añadiría ahora, además, su escasa relevancia emocional, su nula innovación expresiva, su vocación tranquilizante y su excesiva previsibilidad.
D.: Eres parte del consejo de redacción de la revista online de poesía antagonista Lunas Rojas y buena parte de tu obra está disponible en la red. ¿Qué permite internet a la poesía?
E.F.: Pues permite cosas que la distribución en papel de libros y revistas no consigue ni alcanzar. La red es, por ejemplo, especialmente apropiada para el formato de un poema: favorece su publicación y, sobre todo, que llegue finalmente a mucha más gente y por redes geográficas sustancialmente más diversas. En concreto, es especialmente fructífero el diálogo que, precisamente gracias y a través de la red, se está estableciendo entre poetas peninsulares, canarios y latinoamericanos en un momento como éste en el que la poesía en Latinoamérica suele estar a años luz por delante de la que se escribe en España.
D.: Hablas de ‘poesía del conflicto’ y remarcas que “la literatura no es una estructura inocente” pues implica un posicionamiento.
E.F.: En efecto, la poesía inocente no existe. Y mucho menos la pretendidamente neutral, apolítica o desideologizada. Todo gesto de habla, cualquier acto de lenguaje (poesía incluida) va, por necesidad, ideológicamente cargado. Sin embargo, el discurso político conservador negará que todo poema conlleve un particular posicionamiento ante el mundo y hará pasar por ‘natural’, ‘normal’ y ‘neutral’ lo que en realidad no lo es. Una poesía del conflicto ha de denunciar estos enmascaramientos ideológicos que el poder procura pasar por ‘naturales’ y, al mismo tiempo, visibilizar los conflictos sociales que ese mismo poder pretende escamotear y esconder bajo la alfombra.
D.: Igualmente adviertes que “cada producción discursiva en situación de emergencia irá históricamente entrando en determinados procesos de asimilación y absorción por parte de esa constelación dominante”.
E.F.: El capitalismo te acabará vendiendo hasta el ladrillo que hoy le arrojas. Su poder de etiquetación, asimilación e integración es poderosísimo, y tal capacidad de absorción está activando serios debates entre los movimientos y los proyectos antagonistas que tanto en el orden político como en el artístico pretenden ir más allá de las meras reformas. En las experiencias actuales de plazo corto sí se dan ejemplos de inasimilación de la protesta, pero sinceramente, no estoy seguro de si, a largo plazo, una experiencia contestataria de resistencia puede evitar que se la catalogue finalmente para ocupar un sitio concreto en el museo-escaparate del orden de cosas dado.
INCENDIOS CRÍTICOS
D.: ¿Puede decirse que hay una corriente de poesía crítica en España hoy?
E.F.: Te diré sin temblar un ápice que poesía crítica siempre ha habido en España. Otra cosa es que últimamente se movía por espacios sociales y culturales prácticamente invisibles (es decir, invisibilizados). Miguel Ángel García Argüez, uno de los poetas resistentes del colectivo La Palabra Itinerante suele decir que la sequía es el tiempo más propicio para los incendios. Pues bien, ese incendio crítico sería hoy un frente- eso sí, mestizo y diverso- formado por poetas como el mismo García Argüez, Antonio Orihuela, Jorge Riechmann, Eladio Orta, David González, Antonio Méndez Rubio, David Méndez, Isabel Pérez Montalbán, Mª Ángeles Maeso, David Eloy Rodríguez, Ángel Calle, Verónica Pedemonte, Pedro Montealegre, José Mª Gómez Valero, Daniel Bellón, David Franco Monthiel, etc.